La pasión por la fotografía no sólo consiste en hacer fotos, sino también en ver fotos y descubrir y conocer fotógrafos. Yo tengo mis propios “maestros” a los que sigo habitualmente. Te los iré presentando en este blog. Pero a la hora de ver fotos, lo que realmente me apasiona es descubrir en ellos el lado cotidiano de su trabajo.

 

Ver fotos para ver la vida y descubrir pasiones es observar la intimidad de los días.

 

Cuando descubrimos nuestros fotógrafos preferidos y nos disponemos a ver fotos, normalmente tratamos de buscar aquellas grandes imágenes que deslumbran o que han marcado la vida de un autor. Esos emblemas que quedan como lo esencial del autor en cuestión.

Pero a la hora de ver fotos, a mí me gusta más descubrir en la obra de los autores, aquellos instantes fotográficos de su cotidianidad que terminan determinando su forma de ser y mirar.

Me explico. Es como si en pintura te digo que en Picasso no me importa tanto ver el Guernica, sino descubrir un pequeño dibujo apenas conocido, pero que pintó en un determinado momento y en el que el “personaje” ya no estaba porque era, simplemente, Pablo.

En la obra de Anne Leibovitz, por ejemplo, nos solemos ir al descubrimiento y ver fotos de sus grandes retratos. Recuerdo la impresión de observar algunos de ellos en su magna exposición de Madrid en la edición de PhotoEspaña del 2009 “Annie Leibovitz: vida de una fotógrafa.1990-2005”, pero a mí, a la hora de descubrir y ver fotos, me importa más su trabajo cámara en mano, observando la cotidianidad de su relación con Susan Sontag en imágenes como “Notes for the volcano lover, Berlín 1990” o “Susana with Karla Eoff, West 24th Street, New York, 1992” o incluso las que determinan la sencillez de su vida en familia y que todas y todos tenemos en esos, a veces, olvidados álbumes familiares, en cajas de latón en el fondo de los armarios.

 

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Susana with Karla Eoff, West 24th Street, New York, 1992

 

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Notes for the volcano lover, Berlín 1990

A la hora de ver fotos, me gusta pasearme por mis fotógrafos favoritos para quitarles amablemente los ropajes de personajes conocidos, y dejarles en la inmediatez de lo humano.

Me importa más el Korda de El Mar, que su “personaje” fotógrafo de la Revolución cubana o la imagen famosa del Ché. Es ese Korda que escribía en noviembre de 1969 a su hija Diana “Por mí puedes estar tranquila, pues todos mis problemas se han solucionado y como siempre sucede, después de las horas de tormenta estoy disfrutando de días de hermosa claridad” y se dedicaba a fotografiar, durante casi diez años, los fondos de los mares cubanos.

korda conocido desconocido red

Ver fotos para mí, es descubrir la pasión por dejar constancia de la inmediatez del instante presente en el íntimo del corazón de cualquier autor.

La vida, por complicada que parezca, es más sencilla de lo que pensamos. La felicidad, cámara en mano, está más cerca de la imagen de una sombra en una esquina desconchada de tu cuarto, que en el más espectacular de los paisajes.

Lo importante es que aprendas a ver fotos con el corazón abierto a lo que acontece en el aquí y ahora.